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Mariposas en el estómago: el lenguaje del segundo cerebro

  • Foto del escritor: Alejandra Roldán
    Alejandra Roldán
  • hace 3 horas
  • 2 Min. de lectura

Es muy probable que, antes de estar cara a cara frente a una situación que te emociona y te importa, hayas sentido un “aleteo” repentino en el vientre, gracias a las conocidas mariposas en el estómago. Aunque solemos atribuirlo al romance, esa sensación de vacío y cosquilleo es en realidad la respuesta física de tu sistema nervioso ante la emoción o la expectativa del momento.



Nuestro cuerpo y sistemas están conectados entre sí y reaccionan ante distintas situaciones. Por ejemplo, las pupilas se dilatan cuando algo nos gusta, el corazón acelera su ritmo ante sorpresas o las palmas de las manos sudan cuando enfrentamos un reto importante.


Con el estómago ocurre lo mismo: gracias a la conexión directa de nuestro cerebro con el sistema digestivo, la emoción se convierte en una reacción física real. Ante un estímulo emocional, el cerebro envía una señal inmediata para liberar adrenalina, preparándonos para la acción; es una respuesta natural de supervivencia similar a lo que sentimos cuando estamos por subir a una montaña rusa o antes de abrir un regalo muy esperado.


Esta energía extra hace que tu cuerpo cambie sus prioridades para cuando puedas reaccionar: la sangre se concentra en tus piernas y brazos, y deja por un momento en pausa procesos no urgentes, como la digestión. Es justamente ese pequeño cambio de ritmo en tu estómago, al recibir menos flujo de lo habitual, lo que genera esa inconfundible sensación de vacío o cosquilleo.




Hace más sentido este proceso cuando recordamos que nuestro sistema digestivo está recubierto por una red tan densa de neuronas —más de 100 millones— que se le considera un segundo cerebro. Este sistema nervioso entérico es extremadamente sensible y permite que cualquier emoción fuerte, como alegría, amor o una simple expectativa, se refleje de inmediato en el estómago, incluso antes de que nuestra mente logre procesar racionalmente lo que estamos sintiendo.


Al final del día, sentir ese aleteo es un recordatorio de nuestra capacidad de asombro y de que estamos frente a algo que realmente nos moviliza. Ya sea un nuevo comienzo laboral, un viaje planeado con meses de anticipación o la emoción de estar con alguien especial, ese cosquilleo es la prueba de que nuestro sistema digestivo y nuestra mente están operando en total sincronía.


Así que la próxima vez que sientas esas mariposas, recuerda que es tu cuerpo preparándose para vivir una experiencia que vale la pena recordar.



 
 
 

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