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  • Daniela Fuentes

POSTUREO EN REDES SOCIALES: ¡LA MENTIRA PERFECTA!

El postureo, según la RAE, es un neologismo que se refiere a un comportamiento de pose, motivado por apariencias y el qué dirán, en redes sociales. Es una actitud un tanto pretenciosa e impostada que se adopta por conveniencia.


Definitivamente no es algo nuevo. El “qué dirán” ha sido motivo de reflexión desde hace muchas generaciones; para nada es una problemática exclusiva de esta era digital. Hace algunos años eran “posers” las personas que fingían ser algo que no eran para encajar dentro de algún estereotipo. Antes de eso, estaban los “dandis”, la primera tribu urbana que definía personalidades excéntricas que aparentaban genialidad.


¿Estamos conscientes de lo que dicen nuestras redes sociales de nosotros?


Las redes sociales nos permiten expresar quienes somos, nuestros gustos e intereses; nos permiten crear una comunidad de amigos, familia y conocidos con quienes compartimos ciertas experiencias. Es normal que sólo compartamos lo bonito, lo bueno, lo que nos hace felices, sin embargo podemos caer en la presión de los “me gusta”. Y es que nuestro cerebro recibe este estímulo y lo convierte en serotonina; como seres humanos sociales, nos da una satisfacción instantánea cuando recibimos la aprobación de alguien, pero para algunas personas se convierte en adicción.


Hay muchísimos influencers que se convierten en “modelos a seguir” en redes sociales. Muestran relaciones y dietas perfectas, sus últimas adquisiciones, sus sueños cumplidos, sus mejores poses y los momentos más felices que nos hacen desear tener lo mismo. Lo que no vemos es el nivel de producción detrás de cada publicación y eso nos puede hacer perder el suelo un poco: pensamos que no somos suficientes, que nos falta ser más felices, talentosos, famosos o adinerados.

Lo cierto es que no necesitamos miles de seguidores para sentirnos plenos, ni mostrar el cuerpo perfecto en las fotos para ser aceptados, tener la relación ideal en Instagram para darle gusto o envidia a los demás. Si tus compras valen $50 o $5,000 pesos, no afectará a tu círculo de amigos. Tenemos suficiente presión en nuestro día a día como para sumarle expectativas digitales a la vida.


Y es que si vivimos a través de la percepción de los demás, ¿de verdad estamos viviendo? ¿estamos eligiendo lo que nos gusta, lo que nos apasiona, lo que nos interesa? Por momentos parece que nuestro entorno nos controla y olvidamos que somos una parte intrínseca de él; sin nosotros (usuarios) las redes sociales pierden su razón de ser, nosotros tenemos el poder de moldear nuestra experiencia en ellas. Usemos ese poder sabiamente, sin presionar a los demás a pensar, amar o decir algo que no les corresponde realmente. Dediquémonos a vivir, no a fingir que vivimos de cierta forma.

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